TEMPUS FUGIT: INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ

TEMPUS FUGIT es un TÓPICO LITERARIO, descrito en la wikipedia como una expresión proveniente del latín con el significado El tiempo se escapa o El tiempo vuela invitando a no perder el mismo. La expresión aparece por primera vez en los escritos de las Geórgicas, poema escrito por el poeta romano Virgilio. La frase exacta es «Sed fugit interea fugit irreparabile tempus».
Estos tópicos, a pesar de su nombre, no están limitados al ámbito literario. Las artes plásticas y la filosofía también los reflejan porque no hacen sino recoger temas, preocupaciones universales que pueden expresarse artística e intelectualmente de muy diferentes maneras.
A más de uno le sonará la copla II de Jorge Manrique de las que dedicó a la muerte de su padre, por ejemplo:
Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

Este post ha nacido de una cita de Joaquín Sorolla, (recogida del artículo En el jardín de Sorolla publicado ayer en Babelia por Antonio Muñoz Molina) pintor del instante, de la vida en movimiento bañada en la luz de un Mediterráneo que cambia continua y fugazmente, cuya obra podéis contemplar tanto en la exposición que le dedica el Museo del Prado hasta el 6 de septiembre, como en su maravillosa casa-museo:
"No hay nada inmóvil en lo que nos rodea. Hay que pintar deprisa, porque ¿cuánto se pierde, fugaz, que no vuelve a encontrarse"
Por último, el gran Cortázar tiene su propia versión en su relato Instrucciones para dar cuerda al reloj (La expresión Tempus fugit aparece muchas veces grabada en los relojes):

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Instrucciones para dar cuerda al reloj
Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

