Un poema de... MIGUEL HERNÁNDEZ
El lecho, aquella hierba de ayer y de mañana: este lienzo de ahora sobre madera aún verde, flota como la tierra, se sume en la besana donde el deseo encuentra los ojos y los pierde. . Pasar por unos ojos como por un desierto: como por dos ciudades que ni un amor contienen. Mirada que va y vuelve sin haber descubierto el corazón a nadie, que todos la enarenen. . Mis ojos encontraron en un rincón los tuyos. Se descubrieron mudos entre las dos miradas. Sentimos recorrernos un palomar de arrullos, y un grupo de arrebatos de alas arrebatadas. . Cuanto más se miraban más se hallaban: más hondos se veían, más lejos, y más en uno fundidos. El corazón se puso, y el mundo, más redondos. Atravesaba el lecho la patria de los nidos. . Entonces, el anhelo creciente, la distancia que va de hueso a hueso recorrida y unida, al aspirar del todo la imperiosa fragancia, proyectamos los cuerpos más allá de la vida. . Espiramos del todo. ¡Qué absoluto portento! ¡Qué total fue la dicha de mirarse abrazados, desplegados los ojos hacia arriba un momento, y al momento hacia abajo con los ojos plegados! . Pero no moriremos. Fue tan cálidamente consumada la vida como el sol, su mirada. No es posible perdernos. Somos plena simiente. Y la muerte ha quedado, con los dos, fecundada.



Kira-chan dijo
Me gusta este poema. Pese a un cierto transfondo oscuro y amargo que yo le veo, me parece cálido. No lo conocía pero creo que Miguel Hernández era un poeta nato y muy especial. Pensar que no era más que un pobre pastor. Nada que ver con otros de su generación, como Lorca o Alberti que recibieron una esmerada educación y eran cultos. Y sin embargo, Miguel Hernández, con su sencillez y sinceridad, a mi me parece uno de los más grandes. Porque utiliza palabras concretas y concisas, que sin que te des cuenta mueven algo dentro de tí.
25 Octubre 2008 | 06:31 PM