27 Enero 2012

Víctor García de la Concha (Villaviciosa, Asturias, 1934) es el nuevo director del Instituto Cervantes, el organismo fundado en 1991 que vela por la defensa y promoción de la lengua y la cultura españolas en el mundo. En su primera declaración como responsable del organismo, ha asegurado a este diario: "el eje del Cervantes será América", en clara alusión a que las prioridades de su mandato se centrarán tanto en el Cono Sur como en la vertiente hispana de Estados Unidos. Su papel será más simbólico que el de la actual directora, Carmen Caffarell.
JORDÍ SOCIÁS (ENTREVISTA EN EL PAÍS DE DICIEMBRE DE 2010)
HAY QUE VOLVER A ENSEÑAR A LEER Y A ESCRIBIR
Víctor García de la Concha mira el reloj con impaciencia. Mala señal para una entrevista. Sobre todo si todavía no ha empezado. En su despacho, el director de la Real Academia Española tiene a su espalda un retrato de Santa Teresa, en cuya obra literaria es una autoridad mundial. Sobre la mesa, papeles, más papeles y un puñado de publicaciones académicas: la nueva Gramática, el Diccionario panhispánico de dudas, el de americanismos, las ediciones conmemorativas del Quijote y Cien años de soledad... También hay una cajita metálica. García de la Concha mira el reloj de nuevo, la abre, hay un par de pastillas dentro. No era impaciencia, era "la pastilla". Después de 12 años al frente de la RAE y de decenas de viajes a América para fortalecer la asociación que agrupa a las 22 academias de la lengua, de la que es presidente, el hombre que ha culminado la modernización de una institución fundada en 1713 esta vez se ha tenido que quedar en tierra. La salud, las pastillas. Una infección le ha impedido acudir a Guadalajara (México) para recibir un doctorado honoris causa y participar en la aprobación de la nueva Ortografía, un trabajo que ya ha levantado una polémica que en España ha tomado como bandera el cambio de nombre de la i griega a ye, y en América, la decisión de llamar uve a una letra que los americanos llaman be baja o be corta.
Asturiano de 76 años y diplomático hasta la médula, Víctor García de la Concha se considera un hombre de "consenso" -es una de las palabras que más repite-, de ahí su incomodidad ante cualquier ruido que pueda colarse en una casa en la que las únicas voces que se admiten son las del diccionario. La polémica ortográfica ha sido el último, y mínimo, escollo en un camino que termina esta semana. El próximo jueves, la RAE elige nuevo director después de tres mandatos en los que García de la Concha ha conseguido doblar el presupuesto de la institución: seis millones y medio de euros anuales; la mitad, del Ministerio de Educación, y el resto, de los patrocinios privados y de la venta de sus publicaciones (cinco millones de ejemplares en estos años). Entre tanto, el diccionario en línea (www.rae.es) gratuito recibe tres millones y medio de consultas al mes.
Cuenta el todavía director de la RAE que, junto a la puesta al día de la economía académica, Fernando Lázaro Carreter, antecesor e íntimo amigo suyo, le hizo otro encargo: "Ocúpate de América". Y así fue. Junto a consenso hay una palabra que ilumina la cara de García de la Concha: panhispánico. Después de años de pensar que la patente del español se guardaba en Valladolid, las normas se deciden ahora entre todas las academias. La nueva Ortografía es un ejemplo más.
Menuda se ha armado con la nueva 'Ortografía', ¿por qué?
Porque hemos cometido un error de comunicación. Al final de la comisión interacadémica quisimos explicar qué era la Ortografía. Estábamos contentos. Llevábamos trabajando desde 2002, fue muy discutida, pero no queríamos una reforma. Apenas hay modificaciones; en cambio, hay una minuciosa explicación de las normas. Al final, tres arbustos han impedido ver el bosque, unos pocos ejemplos ocultaron 800 páginas de contexto. ¿Qué imagen hemos dado? Que nos reunimos para cambiar las cosas. Justo lo contrario de lo que habíamos hecho.
Parece que el caballo de batalla es el cambio de nombre de la i griega y de la uve.
El peligro no está en el inglés, está en la pobreza, en la falta de educación
En esta nueva edición había un principio directivo: eliminar al máximo las opcionalidades. Cuando llegamos al alfabeto vimos que en América dicen be larga, be alta, be baja, be corta... Hicimos una propuesta para unificar, solo una propuesta. De hecho, los mayores en esa comisión dijimos: nadie va a hacer caso, por supuesto, pero los sistemas de educación sí pueden ir implantándolo.
¿Se dará marcha atrás en el futuro? No lo sé. La Academia Española trató este asunto y la conclusión fue que una be corta no vale una misa.
Cuando usted fue elegido director de la Academia, Fernando Lázaro Carreter le hizo dos encargos: la economía y América. ¿Ha cumplido?
Fui secretario seis años con Lázaro y durante su mandato se constituyó la Fundación pro Real Academia Española. Yo lo que hice fue robustecerla. Al servicio de la RAE están trabajando ahora entre 80 y 100 personas. Somos una mediana empresa.
¿Cuánto cobra un académico?
Nada. Tienen unas dietas modestas por los trabajos que hacen. Esta es una casa de trabajo. Los académicos fundadores decían que ellos trabajaban por servir al honor de la nación. Yo añado siempre que servir al honor de la nación es un honor en sí mismo.
¿Son públicas las dietas de los académicos?
Si le digo la verdad, en este momento no lo sé, pero siempre digo que si los profesionales que aquí están facturaran la hora como en sus profesiones, esta casa tendría que cerrar.
Maneja mucho más presupuesto que cuando llegó. ¿Cómo lo ha conseguido? No es mérito mío. Los sucesivos Gobiernos fueron comprendiendo la importancia del trabajo de la Academia.
¿Cuál fue el primero en comprenderlo?
Hay que ponerse en la historia. Esta casa pagó muy caro el hecho de no plegarse a la voluntad de Franco, que quiso despojar de su condición de académico a los republicanos que estaban en el exilio. La Academia hizo oídos sordos y lo pagó sobreviviendo con una estrechez enorme. Pasado el tiempo, Fernando Lázaro fue a ver a Felipe González y le contó la situación: la casa se caía a trozos.
El otro encargo de Lázaro fue que se ocupara de América. ¿El español ya no se rige desde Madrid?
América ha sido el gran centro de mi trabajo y de mi ilusión. Al poco de que Fernando me lo pidiera, en la primera visita que hice al Rey, Su Majestad me dijo: "No te voy a pedir más que una cosa: que te dediques a América. Yo te iré abriendo las puertas". Y así fue. En estos 12 años he hecho 47 viajes a América. He tenido la suerte de diseñar esa política panhispánica y se ha logrado algo que el resto de las lenguas nos envidian: en Portugal, en Francia
¿Cuál es el secreto de ese éxito?
Cuando publicamos la anterior edición de la Ortografía, en 1999, la sometimos a la aprobación de todas las academias, pero cuando la presentamos, el director de la chilena dijo que para que la obra fuera "plenamente panhispánica" ellos tendrían que haber trabajado en ella desde el principio. Yo me quedé con el calificativo de panhispánica y lo convertí en el punto de apoyo de toda la política. ¿Qué es eso? Pues que todas las academias sean corresponsables de los tres grandes códigos que sustentan la unidad de la lengua: el diccionario, la gramática y la ortografía. Estamos a punto de cerrar el círculo.
¿Nadie desconfió del centralismo español?
No, no, lo que yo iba allí a predicar era el ofrecimiento contrario: "Señores, se ha vuelto una página". Aquí ya no hay una única norma del español que es la de la Academia de Madrid. La norma será policéntrica porque la lengua es policéntrica, y la Academia lo que hace es registrar lo que los hablantes medios cultos estiman como correcto y sancionarlo como norma. Ignacio Bosque [ponente de la Gramática] se ríe mucho porque dice que yo repito una frase que es: codo con codo en plan de igualdad. Pues eso es.
Por respeto a la mujer, nadie aquí está dispuesto a aplicar la cuota
¿También en los beneficios económicos?
Por supuesto. Por la venta de las publicaciones recibe igual Nicaragua, que tiene cinco millones de hablantes, que México, que tiene 105, Uruguay que España. Nosotros somos solo la décima parte de los hablantes.
¿En España no hubo reticencias?
Tuve que hacerme cargo de la secretaría de la Academia porque García Nieto había tenido un ictus. Acababa de ingresar y no conocía la casa por dentro, pero Zamora Vicente, que había sido secretario 18 años, me dio un gran consejo: "Léete las actas, desde la fundación".
¿Tres siglos de actas?
Casi. Así descubrí que la Academia había tenido vocación americana desde muy temprano. Cuando surgieron las independencias de las repúblicas americanas, se tuvo la gran idea de promover una academia en cada nuevo país.
Algún obstáculo habrá habido...
Mire, cuando fui a Chile a presentar la anterior Ortografía, el conflicto hispano-chileno por Pinochet estaba ardiendo. La Embajada de España estaba sitiada por tanquetas, había un tormentón tremendo y pensé que no iría nadie a la presentación o que habría pitos. Fue un acto conmovedor: el salón abarrotado, banderas de Chile y España, obispos, generales, los himnos... Un ejemplo de panhispanismo. Y de allí entramos a escondidas a la embajada, pero la lengua quedó por encima de todo. Ahora tenemos un problemilla con Bolivia. He hablado con Evo Morales, pero todavía...
Todavía... Es que le han reclamado a la Academia Boliviana la sede que tenía. Hay que ayudarles.
En 2050, Estados Unidos será el primer país por hablantes de español. ¿El 'spanglish' es un peligro?
Estados Unidos es uno de los retos, sí. Técnicamente, el llamado spanglish no es más que una mezcla de códigos. Un latino que va de Guatemala a Estados Unidos solamente lleva consigo su lengua. Entra en contacto con otra que no domina y lo que hace es usar el esquema del español incrustándole léxico inglés. De ahí salen expresiones como vacunar la carpeta por limpiar la alfombra. Es un fenómeno que decae a medida que el hablante va perfeccionando su inglés.
¿La vecindad con el inglés puede terminar llenando de anglicismos el español?
Si usted cuenta los galicismos que hay en el diccionario, encontrará decenas de miles. En el siglo XVIII y en el XIX se pensaba lo mismo. Por eso surgió la Academia.
¿Cuál es entonces el mayor riesgo?
Yo ahí digo, con Antonio Muñoz Molina, que el peligro no está en el inglés, está en la pobreza. En la falta de educación, en la falta de preparación lingüística.
¿Y qué ha fallado en España? Las humanidades retroceden en la educación. ¿El Gobierno no escucha a la Academia?
Nosotros insistimos cada día. Los chicos que llegan hoy a la Universidad tienen una preparación lingüística muy inferior a los anteriores.
¿Por qué?
Tal vez porque hemos atiborrado durante años las mentes de los muchachos con análisis gramaticales complejos. Hay que volver a lo básico: a enseñar a leer y a escribir, a leer en voz alta, a recitar, a discursear. Es lo que nos enseñaron a nosotros en la escuela. La ortografía que yo sé es la que aprendí a los 10 años. Para hacer el bachillerato había un examen de ingreso y con más de tres faltas de ortografía se suspendía.
¿No hay peligro para el español dentro de España? Me refiero a la política lingüística autonómica.
Tenemos una relación excelente con las academias del catalán, el vasco y el gallego. Y todas las comunidades autónomas están presentes en la Fundación pro Real Academia Española.
¿Incluidas las bilingües?
Son las primeras que pagan.
¿Cree que, como dicen algunos, la política lingüística en Cataluña perjudica al castellano?
En esta casa no entra la política. La Academia no se pronuncia nunca.
¿Y usted personalmente?
Ya he dicho que la política no entra en esta casa, y no entra, por tanto, en nuestra conversación. Mire, alguna vez he padecido mucho porque había gente empeñada en que me pronunciara sobre ese tema, pero no lo voy a hacer mientras sea director. Ni creo que lo haga cuando deje de serlo.
Su sucesor le pidió dos cosas, ¿qué le dirá usted al suyo?
No necesitaré explicarle nada porque será alguien que conozca la casa, pero pondré el énfasis en la política lingüística panhispánica.
¿El nuevo director saldrá de su equipo?
Yo no tengo equipo.
Bueno, tiene un secretario, Darío Villanueva, y un vicedirector, José Antonio Pascual.
Como sabe, no hay candidaturas. Son elegibles todos los académicos menores de 78 años. Lo que queremos es lograr un candidato de consenso, pero estoy seguro de que si no se consigue, el que salga al día siguiente será director como si hubiera sido elegido con todos los votos.
¿Ser un hombre de consenso le sirvió a usted para que Cela volviera a la Academia tras años enfadado?
Esta casa siempre se caracterizó por una muy grata convivencia. Cuando a Pedro Laín le preguntaban qué tal por la Academia, él contestaba que bien por tres razones: una, porque es una casa noble (basta pensar a cuántos les gustaría entrar); dos, porque trabaja en algo noble (la unidad de la lengua), y tres, porque es tan sociable que, decía él, Buero Vallejo se sienta junto a Torcuato Luca de Tena y dialogan amistosamente. Se refería a la etapa franquista, en la que uno había sido un condenado a muerte, y el otro, un hombre de derechas. Una labor de la dirección es procurar que eso sea siempre así. Cela tenía un temperamento fuerte, yo tenía buena amistad con él y regresó a la Academia. Aquí fue muy feliz, entre otras cosas porque merendaba muy a gusto, libre del control doméstico.
¿Entre las tareas pendientes no estaría la incorporación de más mujeres?
Nadie en esta casa, por respeto a la mujer, está dispuesto a aplicar de manera fulminante la cuota. Lo que importa es encontrar a la persona adecuada. En el caso de Soledad Puértolas, la última en ingresar, buscábamos un creador. La mujer se ha incorporado tarde a las funciones sociales. Llegó tarde a la Universidad, pero mire hoy la Universidad. Yo tengo una hija fiscal y los fiscales son mayoritariamente mujeres. Lo que está claro es que hace ya tiempo que se rompió la convención de que aquí debía haber fundamentalmente varones. Últimamente hemos elegido a dos mujeres seguidas [Puértolas y la filóloga Inés Fernández-Ordóñez], pero no vamos a andar con el termómetro para ver si tenemos 36 y medio o 37.
Pero hubo mujeres que merecieron estar.
Cierto, y otras que pudieron y no quisieron. Yo sentí como un fracaso personal que no quisiera estar mi amiga Carmiña Martín Gaite, a quien ya se lo había pedido, mucho antes que yo, Rafael Lapesa.
En esta casa no entra la política. La academia no se pronuncia nunca
El cambio de actitud llegó tarde para Pardo Bazán y María Moliner.
El caso de Pardo Bazán es distinto porque el papel de la mujer era otro en su tiempo. La candidatura de María Moliner en 1972 tiene una explicación. Había dos grupos de académicos. Unos pensaban que lo más urgente era tener a alguien para el Diccionario (María Moliner), y otros, que para la Gramática (Emilio Alarcos). Creo que ninguno de los dos ofrece discusión. Lo que pasó luego es que hay candidatos que, no siendo una vez elegidos académicos, ya no quieren serlo. Pero ¿cómo no vamos a lamentar que no estuviera María Moliner?
¿Cuál ha sido el peor momento de estos años?
Malo, malo...
En febrero sobrevivió al terremoto de Chile. ¿Pasó miedo?
No. A las tres de la mañana me despertó aquella batidora y pensé: aquí puede estar terminando la vida. Veía oscilar el edificio de enfrente. Subieron a rescatarme y hasta me vestí.
Hasta se peinó, dicen.
Eso ya es literatura. El caso es que ese mismo día, a las once de la mañana, nos pusimos a trabajar en la Ortografía. Seguimos un consejo de un académico boliviano: si no nos ponemos a trabajar, empezaremos a mirarnos unos a otros y terminaremos odiándonos.
¿Hay sede para el próximo congreso?
Todavía no, pero se baraja la República Dominicana.
¿No le habría gustado ser el director del tercer centenario? Faltan tres años.
No, no, que me riñen en casa.
¿Escribirá sus memorias?
[Largo silencio]. Hombre, la parte importante sería lade este periodo académico, pero... no lo sé. A veces pienso en aquello que decía Sabino Fernández Campo: lo importante no lo puedo contar, y lo que puedo contar no es importante. Aunque no es así exactamente. Digamos que urge esperar.
Víctor García de la Concha (Villaviciosa, Asturias, 1934) es el nuevo director del Instituto Cervantes, el organismo fundado en 1991 que vela por la defensa y promoción de la lengua y la cultura españolas en el mundo. En su primera declaración como responsable del organismo, ha asegurado a este diario: "el eje del Cervantes será América", en clara alusión a que las prioridades de su mandato se centrarán tanto en el Cono Sur como en la vertiente hispana de Estados Unidos.
Más allá de la Academia, usted nació en Asturias y en 1934, dos datos que tienen una historia.
Cuando estalló la guerra incivil en el 36, Villaviciosa, donde vivía, quedó en zona republicana y había bombardeos del llamado ejército nacional. Nosotros estábamos refugiados en la casa de unos vecinos y al final del bombardeo mis padres se encontraron con su casa derruida. Habían quedado allí unas hermanas de mi madre y unas primas. Además, mi madre me perdió. Llevaba a mi hermano al cuello y yo quedé sepultado por los escombros. Me lo contó ella. Años después encontré una crónica en Hora de España en la que se contaba que después del bombardeo de Villaviciosa sacaban un niño de entre las ruinas. Ese niño era yo. Mis padres nos educaron en la necesidad de superar esos recuerdos y de vivir abiertos a la convivencia. Yo vi pronto que ese era el camino.
Tataranieto de un académico de mediados del siglo XIX, la carrera de Víctor García de la Concha dentro de la RAE ha sido fulgurante. En 1992, el mismo año de su ingreso, fue elegido secretario. Seis después era ya director, cargo que ha ejercido durante tres mandatos; el último de ellos, una prórroga extraordinaria que le ha permitido culminar hitos como la monumental, y panhispánica, ‘Nueva gramática', publicada el año pasado, una asignatura pendiente del español desde 1931. (En la fotografía, con siete años).
Nacido en Villaviciosa (Asturias) el 2 de enero de 1934, se licenció en Teología con 26 años. Una década después se doctoró en Filología. En los años sesenta, como sacerdote, fue colaborador del entonces arzobispo de Oviedo, Vicente Enrique y Tarancón, el futuro cardenal de la Transición.
Como filólogo, casado ya y con dos hijas, ejerció como catedrático en Salamanca y como uno de los grandes críticos literarios de las últimas décadas.
Tiene reciente el ensayo Cinco novelas en clave simbólica (Alfaguara) y espera dejar su cargo para terminar la edición de dos códices autógrafos de Lope de Vega.
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26 Enero 2012

Unos científicos en el País Vasco miden la reacción neuronal ante figuras retóricas, como el oxímoron.
EL PAÍS
El cerebro humano reacciona de manera diferente ante expresiones como monstruo geográfico, monstruo solitario, monstruo hermoso y monstruo horrible. La primera es incorrecta, la segunda es neutra, la tercera es un oxímoron y la última es un pleonasmo (vocablo innecesario que añade expresividad). El investigador Nicola Molinaro ha elegido para sus experimentos la tercera, el monstruo hermoso, el oxímoron, una combinación de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como noche blanca o muerto viviente. Y esta figura retórica genera una intensa actividad en el área frontal izquierda del cerebro, actividad que no se produce ante una expresión neutra o una incorrecta.
"La investigación demuestra el éxito del nivel retórico de las figuras literarias; la razón de su efectividad es que atraen la atención de quien la escucha. Se reactiva la parte frontal del cerebro y se emplean más recursos en el proceso cerebral de esa expresión", explica Molinaro en un comunicado del Centro Vasco de Cognición, Cerebro y Lenguaje.
El curioso experimento, cuyos resultados se han presentado en la revista NeuroImage, consistió en exponer a varias personas, de entre 18 y 25 años, a esas expresiones y medir, mediante electroencefalogramas, su reacción cerebral. Molinaro se centró en el oxímoron por ser una fórmula muy sencilla, que puede construirse con un par de palabras, resultando fácil de medir la actividad cerebral que desencadena.
"La investigación demuestra el éxito del nivel retórico de las figuras literarias"
Ante el monstruo hermoso se apreció en los sujetos del experimento una intensa actividad cerebral en la zona frontal izquierda (íntimamente relacionada con el lenguaje) 500 milisegundos después de que percibieron la expresión. Sin embargo, ante la expresión incorrecta, el monstruo geográfico, el cerebro reaccionó a los 400 milisegundos, al detectar que hay un error La frase neutra (monstruo solitario) fue la que menos reacción provocó. En el pleonasmo, el monstruo horrible, se midió una actividad mayor que ante la expresión neutra pero menor que ante el oxímoron.
"Los resultados muestran que cuanto menos natural es la expresión, más recursos requiere el cerebro para ser procesada en la parte frontal izquierda", continúa Molinaro, que ha trabajado en este proyecto junto con Jon Andoni Duñabeitia (Centro Vasco de Cognición, Cerebro y Lenguaje) y Manuel Carreiras. El siguiente paso es repetir el experimento pero registrando la reacción con resonancia magnética para obtener imágenes de la actividad cerebral al procesar figuras retóricas.
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24 Enero 2012

Elena Catena, impulsora de la literatura femenina
Editó la Biblioteca de Escritoras de Castalia y fue la primera vicedecana de Filosofía y Letras de la Complutense
No tuve la suerte de ser alumno suyo. Mi mujer sí, y me hablaba continuamente de ella con admiración y cariño, del trato exquisito a los alumnos, de su enorme y humilde sabiduría, lejos de la pedantería ignorante de muchos de sus compañeros de la Complu. Vi cómo corregía los exámenes, con dedicación y esmero, escribiendo comentarios al margen para que el examen fuera no solo una prueba evalulatoria, sino una forma de consolidar el aprendizaje. Enseñaba que de los fallos se aprendía, puntualizaba cosas que se te habían quedado en el tintero.
A mí me mostró un modelo de ser profesor que intento seguir dentro de mis limitaciones pero con todo mi esfuerzo.
Su 600 era efectivamente famoso, como pueden atestiguar muchos de sus alumnos. Lo solía llevar lleno y lo llamaba "Mao" porque era amarillo por fuera y rojo (por la tapicería) por dentro. No solo era competente, sino sobre todo buena y divertida.
Desde aquí, toda nuestra admiración, cariño y respeto.
INMACULADA DE LA FUENTE, EL PAÍS.
Elena Catena, profesora de Literatura española, editora y feminista, falleció el jueves pasado tras una neumonía. Hace poco, el 12 de noviembre, cumplió 91 años y durante su larga y afortunada vida desarrolló una doble e innegable influencia entre sus alumnos y los lectores de Clásicos Castalia. Había nacido en Salamanca en 1920 y llegó a Madrid al poco de terminar la Guerra Civil. Fue una de las pocas mujeres que se incorporó a la Universidad tras el desastre de la contienda, años vacíos en los que las escasas mujeres que realizaban estudios superiores tuvieron que interrumpir sus carreras y en algunos casos sus proyectos de emancipación. Tras ese freno inicial, la brecha se fue cerrando al llegar nuevas hornadas de universitarias, con Elena Catena entre ellas.
Fue una de las primeras mujeres en alcanzar el doctorado y la primera vicedecana que tuvo la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid. Dirigió decenas de tesis y mantuvo un magisterio real en el campo de la Filología hispánica. En paralelo, comenzó a trabajar en la editorial Castalia con el erudito Antonio Rodríguez-Moñino, responsable de la colección Clásicos Castalia. Gracias a su entusiasmo, Catena se convirtió en la mano derecha de Rodríguez-Moñino. A la muerte del bibliófilo, en 1970, continuó su labor. Más tarde se encargaría también de la Biblioteca de Escritoras dentro de Castalia, una colección dedicada a rescatar las mejores obras de autoras en lengua castellana. Esta labor, en la que trabajó durante años con entera libertad, convergía con sus inquietudes de feminista moderada.
Elena Catena vivió la evolución de muchas jóvenes que en los inicios de los cuarenta asumieron sin demasiadas preguntas la tendencia imperante y que, bajo el influjo de la Universidad, cuestionaron el discurso oficial y fueron conscientes de que la legislación franquista subordinaba la mujer al varón de forma anacrónica, en claro contraste con los avances de europeas y norteamericanas. En los años cincuenta del pasado siglo, Catena estableció contacto con María Campo-Alange, Mary Salas Larrazábal, Lilí Álvarez, Concha Borreguero y Consuelo de la Gándara, con las que en 1960 fundó el Seminario de Estudios Sociológicos sobre la Mujer. Fue un núcleo de feminismo moderado e intelectual que impulsó algunos de los primeros estudios de género y que, además de atraer hacia el feminismo a mujeres que venían de la órbita democristiana, alentó el compañerismo con otros grupos más reivindicativos.
La transición política representó para Elena Catena una primavera vital. Al igual que otras mujeres comprometidas con la cultura y los derechos humanos, veía con emoción cómo las barreras caían. Ya desde los años del tardofranquismo y del movimiento estudiantil contra la dictadura tenía fama de dialogante entre los alumnos. Catena solía recoger en su 600 a más de un universitario que corría por el campus huyendo de la policía franquista, los grises.
"Venga, suba", decía. Un día la que fue invitada a subir al coche era Carmen Díez de Rivera. "No, deje que me detengan". "¡Sube! ¿Adónde te llevo?" "Al barrio de Salamanca". "¿Y qué hace una chica como tú en este follón?", le preguntó la profesora. Ambas rieron. Díez de Rivera acababa de volver de África de cooperante y realizaba una diplomatura de estudios hispánicos que impartía Catena. Luego haría Ciencias Políticas, colaboraría con Adolfo Suárez para traer la democracia y militaría en el partido de Tierno Galván. Más tarde sería elegida parlamentaria europea. Durante esos años, la musa de la Transición mantuvo el contacto con la profesora Catena, salvo en el periodo en que Díez de Rivera fue eurodiputada. Pero cuando esta enfermó de cáncer, Catena acompañó a su alumna hasta el final, junto a sus familiares y allegados. Era lógico, porque Elena Catena dedicó parte de su vida a cultivar la amistad.
Uno de sus días más felices fue el del homenaje que recibió de sus numerosos colegas y alumnos, recogido en un libro que editó Castalia en 2001. Las firmas que aparecen en ese Homenaje a Elena Catena ofrecen un amplio abanico del mundo universitario. En la comisión de honor se encontraban Fernando Lázaro Carreter y Carlos Bousoño. Y entre los organizadores, el académico Pedro Álvarez de Miranda o la profesora Alicia Redondo Goicoechea. Todos conocían y querían a la profesora Catena
"¿Qué puedo hacer por ti?", solía preguntar a quien se dirigía a ella. La costumbre de tratar con gente más joven y de querer sentirse útil había convertido la frase en una coletilla. "¿Qué puedo hacer por ti?". Lo repitió hasta bien entrado el nuevo siglo, cuando la sombra del alzhéimer empezó a rondarla. Lo preguntaba y, si estaba en su mano, lo hacía.
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21 Enero 2012

CHARLES DICKENS
El siete de febrero se conmemora el bicentenario del nacimiento de Charles Dickens
GUILLERMO ALTARES, en EL PAÍS
Fueron solo unos meses, pero cambiaron la historia de la literatura. Acababa de cumplir 12 años cuando, el lunes 9 de febrero de 1824, empezó a trabajar en la fábrica de betún Warren, en el número 30 de Hungerford Stairs, en una zona industrial de Londres, insalubre e infestada de ratas. Las jornadas se prolongaban durante 10 horas, con una pequeña pausa para comer. El salario era de seis o siete chelines a la semana (unos 30 euros en la actualidad). "Fue el acontecimiento más importante de la vida de Charles Dickens", explica el escritor Peter Ackroyd, cuya sólida biografía del novelista, Dickens. El observador solitario, acaba de editar Edhasa en España. "Es algo que siempre tuvo presente. Creo que gran parte de su energía creadora nace en esa infancia y su visión del mundo se forja en aquellos momentos". "Todo mi ser se sentía tan imbuido de pesar y humillación al pensar en lo que había perdido que incluso ahora, famoso, satisfecho y contento, en mis ensoñaciones, cuando rememoro con tristeza aquella época de mi vida, muchas veces me olvido de que tengo una mujer y unos hijos, incluso de que soy un hombre", le confesó a su amigo John Forster, autor de la primera biografía del escritor (The live of Charles Dickens). Forster ya señaló que el germen de David Copperfield surgió entre tarros de betún en aquellos talleres junto al Támesis. En el clásico ensayo de 1940, Dickens, The Two Scrooge, Edmund Wilson apuntaba también que aquel periodo de trabajo infantil, con su padre encarcelado a causa de las deudas, fue crucial en la formación literaria y humana del escritor.
Fue muy popular y convocaba a multitudes. En ese sentido, podemos decir que fue la primera celebridad global
Peter Ackroyd
Los 200 años del nacimiento de Dickens, que se conmemoran el próximo 7 de febrero, se han convertido en el acontecimiento literario de la temporada. Exposiciones, nuevas versiones en cine y televisión de sus libros, biografías, ensayos, representaciones. El mastodóntico Waterstone's de Bloomsbury, una de las librerías más grandes de Londres, situada en el barrio literario y universitario por antonomasia -y en el que residió Dickens gran parte de su vida-, recibe al visitante con un escaparate lleno de títulos sobre el narrador, algunos tan contemporáneos como Charles Dickens in Cyberspace, de Jay Clayton, y otros tan sugerentes por sus ramificaciones políticas como La situación de la clase obrera en Inglaterra, de Friedrich Engels (Marx escribió sobre el autor de Grandes esperanzas que "había proclamado más verdades de calado social y político que todos los discursos de profesionales de la política, agitadores y moralistas juntos").
Sin embargo, todo este despliegue tiene algo de innecesario, porque Dickens jamás se ha ido. "Siempre ha estado presente, nunca ha dejado de ser una fuerza viva de la cultura británica", señala Ackroyd, autor de numerosas biografías, de Shakespeare y de Londres (ambas en Edhasa), entre otras. "Sus novelas han sido llevadas al cine de manera constante, se han rodado series de televisión desde que tengo memoria, sus libros son reeditados y leídos una y otra vez. No creo que haya habido ningún periodo desde su muerte en que no haya sido admirado universalmente". "Dickens está en todos los ámbitos de la cultura británica", asegura el historiador Alex Werner, conservador del Museo de Londres, comisario de la exposición Dickens y Londres, que puede verse hasta el 10 de junio, y coautor junto a Tony Williams del libro que acompaña la muestra, Dickens's victorian London (1831- 1901). Desde su muerte en 1870, se han publicado cerca de cien biografías, empezando por la de Forster en 1872. Estas últimas semanas han aparecido reseñas en casi todos los grandes diarios anglosajones de las dos últimas, Charles Dickens, A life, de Claire Tomalin -que ya había publicado un relato de la vida de la esposa del novelista, Catherine-, y Becoming Dickens. The invention of a novelist, un ensayo literario de Robert Douglas-Fairhurst.
Una forma de explicar la vigencia de Dickens es su presencia en una de las grandes series de televisión de la década. En la quinta temporada de The Wire, el director adjunto del Baltimore Sun pide a sus reporteros que busquen el "aspecto dickensiano" de la ciudad. De hecho, los blogueros Joy Delyria y Sean Michael Robinson lograron un considerable éxito en las redes sociales con una reconstrucción de la serie de David Simon al modo de un folletín victoriano. Recientemente, la BBC publicó en su página web un reportaje titulado Las seis cosas que Charles Dickens dio al mundo moderno: la celebración de las navidades gracias al impacto que tuvo Canción de Navidad, la denuncia de la pobreza, los personajes de la comedia moderna, el cine (no, no le confunden con los hermanos Lumière, Eisenstein dijo que los cimientos del séptimo arte fueron edificados por Griffith basándose en ideas de Dickens como el montaje paralelo o los primeros planos), los nombres de los personajes llenos de simbolismo y nuestra visión de la ley y el derecho. A esto podríamos añadir que Dickens fue un precursor de la defensa a ultranza de los derechos de autor, harto de que en Estados Unidos pirateasen sin contemplaciones sus obras, y la primera estrella de la cultura global, como explica Peter Ackroyd. "Fue muy popular entre públicos muy amplios y convocaba a multitudes cuando realizaba las giras de lectura de sus libros. En la época en que nacía la fotografía, ya era muy reconocido popularmente, y cuando realizaba sus giras por América era seguido por multitudes en la calle y se concentraban masas frente a los hoteles en los que se alojaba. En ese sentido, podemos decir que fue la primera celebridad global".
Una búsqueda en el ISBN revela 420 títulos de Dickens vivos en todas las lenguas nacionales, publicados por editoriales tan diversas como Gadir, Nocturna, Alba, Periférica, Alianza, Planeta, Impedimenta, Ediciones B, Cátedra, Valdemar, Belaqva, Edhasa, Destino, RBA, Alfaguara, Espasa Calpe, Cátedra o Círculo de Lectores, por solo citar unas cuantas. "Su habilidad para crear personajes creíbles es una de sus grandes virtudes, junto a su enorme habilidad como narrador, su capacidad para contar historias", explica Ackroyd. "Su talento para inventar es increíble: publicaba cada semana, cada mes, historias, esperando siempre hasta el momento mismo del cierre. Y siempre lograba mantener el interés de sus lectores". Según su biografía, llegó a crear 2.000 personajes en sus 14 novelas (15 si contamos la inacabada El misterio de Edwin Drood), sin tener en cuenta sus numerosos relatos, ni toda su producción periodística; aunque el Diccionario de Personajes Literarios Británicos recoge solo 989 nombres. Como destaca el historiador Alex Werner, su retrato más famoso, El sueño de Dickens, firmado por su contemporáneo Robert Williams Buss, muestra al escritor, en su estudio, dormido, rodeado por sus creaciones. Oliver Twist, Ebenezer Scrooge, David Copperfield, Jacob Marley, Bill Sikes, Fagin, Pip, Miss Havisham y su mugriento vestido de novia, el señor Pickwick, la pequeña Nell, Florence Dombey, Uriah Heep, Joe Gargery, Sydney Carton, Mister Gradgrind forman parte de un gigantesco legado que vive mucho más allá de la literatura. Su herencia incluye tramas, historias e imágenes, fantasmas de las navidades pasadas, futuras y presentes, principios como: "Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría y de la tontería, la época de fe y la época de la incredulidad, la estación de la luz y de las tinieblas, era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación". Según sus biógrafos, todo ese mundo ficticio tiene dos anclajes reales: su propia vida y la ciudad de Londres.
"Su genialidad no puede separarse de su vida. Es imposible estudiar a Dickens de forma aislada, tiene que ser observado en el contexto de su época y de su vida en Londres. De hecho, su casa estaba a unos pocos metros de aquí", señala Peter Ackroyd, que recibe en su despacho de Bloomsbury, con su mesa de trabajo llena de libros sobre Chaplin y sobre la historia de Inglaterra, los dos temas en los que este inagotable investigador y novelista de 62 años está trabajando actualmente. Su biografía de Dickens se publicó en inglés en 1990, en dos volúmenes, con casi 1.400 páginas. Edhasa ha editado una versión posterior, acortada (700 páginas).
En su libro de viajes por Australia, Bill Bryson relata una visita al museo dedicado al más famoso de los bandidos del outback, Ned Kelly, situado en una polvorienta localidad perdida. Y escribe: "Era tan malo que era bueno". Siendo un poco exagerados, podríamos decir algo parecido del Museo de Charles Dickens en Londres. Es cierto que alberga la mejor colección de manuscritos y objetos del escritor y que, además, vivió allí con su familia durante dos años (entre 1837, una fecha muy simbólica porque es cuando empezó también la era victoriana, y 1839, época durante la que terminó de escribir Los papeles del Club Pickwick y comenzó Oliver Twist), lo que no se puede decir siempre de las casas-museo de los artistas. Pero no es lo que un visitante espera de un creador de la magnitud de Dickens. En su descargo se puede decir que esta vivienda, situada en una clásica calle de edificios georgianos, es museo desde 1925, lo que explicaría en parte su aire vetusto, y que las otras dos casas de Dickens en Londres, en Marylebone y en el cercano Tavistock Square, han desaparecido. En abril el museo se someterá a una ambiciosa reforma. El hecho de que cierre durante la celebración del segundo centenario del escritor y durante los Juegos Olímpicos ha provocado una cierta polémica en el Reino Unido, pero sus responsables han señalado que, si retrasan las obras, perderían los dos millones de libras concedidos por el fondo de la lotería para el mantenimiento de bienes culturales. Aparte de algunos momentos de una intensidad kitsch muy divertida -la cocina con sus quesos y pasteles falsos no tiene precio- y bastantes recuerdos y piezas interesantes, además de contribuir a la Dickens Fellowship, la casa del 48 de Doughty Street merece una visita porque permite un rápido recorrido por la vida del autor. Nació en 1812, su familia se mudó a Londres en 1820, trabajó durante un periodo de entre seis meses y un año cuando su padre se encontraba en prisión por sus deudas -"es una cosa muy desagradable el sentirse avergonzado del propio hogar", escribe en Grandes esperanzas-, comenzó a ejercer como periodista en 1828 (un oficio que nunca abandonaría). El éxito de Los papeles del Club Pickwick le permitió dedicarse a la literatura desde 1836. Su fama alcanzó su cénit en 1843 con Cuento de Navidad. Los viajes -dos a América, además de a Italia y Francia bastante a menudo-, la participación en diferentes causas filantrópicas, la afición al teatro, las lecturas públicas que le convirtieron en un hombre muy rico -ganar dinero fue una de las grandes obsesiones de su vida-, un divorcio tardío de Catherine, con la que tuvo diez hijos, y una relación nunca aclarada con la joven actriz Nelly Ternan -Ackroyd cree que nunca llegó a consumarse sexualmente mientras que otros biógrafos consideran que sí-, sus maratonianos paseos nocturnos -caminaba durante horas y horas, a veces hasta 30 kilómetros seguidos, como quedó reflejado en uno de sus ensayos más conocidos, Night walks-, las charlas y las complicidades con amigos como Wilkie Collins y el periodismo ocuparon gran parte de su tiempo. Además, claro, de la literatura: compuso por entregas 14 novelas que desde su publicación entraron a formar parte de la conciencia colectiva de Occidente. Falleció, tras una extenuante gira de lecturas, en la tarde del 9 de junio de 1870, a los 58 años, en su casa de Kent. Como escribió recientemente en The New York Times el ensayista Verlyn Klinkenborg, "doscientos años después de su muerte, Charles Dickens sigue guardando su mayor secreto: la esencia de su energía".
Una parte muy importante de esa fuerza se la dio la ciudad en la que vivió y en la que situó la inmensa mayoría de su obra. "Londres y Dickens van juntos", afirma Alex Werner. "Londres influyó tanto a Dickens que se puede decir que su genio dependió del entorno londinense, fue un gran visionario que vio en las calles de Londres un universo entero, de alegría, de sufrimiento. Los dos estaban profundamente conectados y entre los dos crearon el más maravilloso retrato de la humanidad en el siglo XIX", explica Ackroyd. Pero Dickens no se limitó a describir y a captar la esencia de esa transformación: luchó por cambiar las condiciones de vida. Y en cierta medida lo logró. Como explica Steven Pinker en su magnífico e influyente ensayo The better angels of our nature, una investigación sobre el descenso de la violencia en Occidente, "Oliver Twist y Nicholas Nickleby abrieron los ojos de la sociedad sobre los malos tratos a los niños en los albergues y orfanatos". La exposición del Museo de Londres permite percibir la ciudad en la que Dickens vivió y escribió: a principios del XIX tenía apenas un millón de habitantes, en los años setenta de ese siglo alcanzaba los 3,5. Como relata Werner, era la capital del mundo -con 1851, el año de la exposición universal, como epicentro-. Justo en esa época, la población urbana se convirtió en mayoritaria en el Reino Unido, con miles de personas llegando cada día a la megalópolis para vivir en condiciones muchas veces de una pobreza atroz (no es ninguna casualidad que Dickens, Marx y Engels escribiesen lo que escribieron en aquellos años en Londres). Ackroyd, autor de la más conocida historia de la capital británica (Londres, Edhasa, 2002), señala: "Durante su vida Londres cambió más que en ningún otro momento de su historia". En Dickens's victorian London, Alex Werner y Tony Williams escriben: "Supo captar todos los cambios que ocurrían a su alrededor y cuando leemos sus obras somos testigos del crecimiento y desarrollo de la ciudad moderna, con todos sus problemas asociados".
En esa ciudad de las grandes esperanzas de Pip, la miseria infantil de Oliver Twist y David Copperfield, un joven se vio obligado a trabajar en una fábrica de betún en una sociedad que cambiaba a toda velocidad y un escritor trató de construir todo su mundo sobre ese vértigo. Como escribe Ackroyd: "En su obra lo real y lo irreal, lo material y lo espiritual, lo concreto y lo fantástico, lo mundano y lo trascendente conviven en precario equilibrio, solo resuelto por el vigor de la palabra creada. En eso consiste la magia de Charles Dickens".
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14 Enero 2012

ÁLVARO POMBO
ÁLVARO POMBO EN EL PAÍS
El escritor santanderino Álvaro Pombo ha ganado el 68 Premio Nadal con su novela El temblor del héroe, una obra en la que el autor reflexiona sobre la indiferencia.
La novela, presentada al premio bajo el seudónimo de Jorge Bruno y el título ficticio de Los amigos de Roman, parte de la experiencia que vive un profesor universitario jubilado, que contempla un suceso, y que da pie a Pombo a hablar sobre la indiferencia en la sociedad.
El Nadal tiene una dotación de 18.000 euros y el jurado estaba integrado por Germán Gullón, Lorenzo Silva, Andrés Trapiello, Ángela Vallvey y Emili Rosales.
En la misma velada literaria, que cada año supone la apertura de la temporada literaria, además del Nadal se ha fallado el 44 Premio Josep Pla de prosa en lengua catalana, ambos convocados por Ediciones Destino, y que ha recaído en el periodista Rafael Nadal por su obra "Quan erem feliços", que son sus memorias de infancia en Girona.
FUENTE: 20MINUTOS.ES
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15 Diciembre 2011

JAVIER SAMPEDRO, EL PAÍS
¿De dónde vienen las metáforas? A veces del talento poético, a veces del tejido nervioso. Una de sus fuentes más enigmáticas es la sinestesia, o situación en que la estimulación de un sentido crea una percepción automática en otro. La más común asocia colores a signos escritos, como en esta estrofa de Rimbaud:
"A negro, E blanco, I rojo, U verde, O azul
Algún día descifraré vuestros nacientes orígenes".
La segunda forma más común de sinestesia asocia colores con días de la semana, como domingo verde. Otras afectan en distintas combinaciones a las notas musicales, los olores y los dolores, a las formas o a las texturas, a la posición en el espacio, al tamaño de las cosas y qué sé yo qué más: por ahora se han clasificado unos 60 tipos de esta condición.
Rimbaud y Baudelaire eran sinestetas, como Wagner y Liszt, Scriabin y Messaien, Kandinsky y Hockney, Poe y Nabokov, y al menos dos científicos: Nikola Tesla y Richard Feynman (a quienes algún día podremos citar sin el nombre de pila, como al resto). Esta lista no llega a demostrar que la sinestesia sea la madre de todas las metáforas, pero sí que lo deja a uno medio mosca y como hurgando en su cabeza en busca de los nexos ocultos que se le habían escapado hasta ahora.
Y tal vez la búsqueda no sea en vano, después de todo. Según las investigaciones neurológicas recién publicadas por científicos de las universidades de Oxford y Berlín, los sinestetas son solo casos extremos de un fenómeno que compartimos la generalidad de las personas. Pese a todas las diferencias de detalle que uno quiera catalogar, todos los humanos compartimos la tendencia a asociar las notas agudas con los colores claros, los tamaños pequeños, las formas más picudas y las posiciones más altas en el espacio (lo que justifica el título de esta entrada). No son asociaciones aprendidas, ni condicionadas por la cultura, sino inconscientes y automáticas. Y ni siquiera parecen peculiaridades humanas, puesto que las compartimos con los chimpancés.
¿De dónde vienen las metáforas? A veces del talento poético, a veces del tejido nervioso, y a veces de la noche evolutiva de los tiempos.
Pórtense azul los lectores.
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13 Diciembre 2011

Antonio Rodríguez Menéndez, fundador del Proyecto Fahrenheit 451 (las personas libro), expone EN CONOCER AL AUTOR el origen y objetivos del Movimiento de personas que memorizan libros y textos "deseados" para ofrecer y contar a otros.
VER VÍDEO
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13 Diciembre 2011