17 Mayo 2012

CARLOS FUENTES
ÁNGELES MASTRETTA: CARLOS FUENTES, LA PASIÓN DIARIA, EL PAÍS
Siempre me asombró Carlos Fuentes. Libre, inteligente, apasionado. Yendo de un lado a otro, acompañando hasta que para todos nombrarlo era un talismán y andar cerca contagiarse de su fervor por la literatura.
¿Cuántos personajes de los creados por la imaginación aventurera y despiadada de Carlos Fuentes se han vuelto parte de la imaginación colectiva?
Al cabo de leer uno de sus libros se aparecían en sueños sus mujeres desbordadas, sus hombres incandescentes.
Ha logrado quedarse como un lujo en el ímpetu y la memoria de otros
Las mujeres y los hombres. El paisaje, las casas, los patios, los caminos, el polvo y los amores de cada una las historias que hacían sus libros, siempre se acomodan en nuestro ánimo y nuestra memoria.
Pero no sólo el polvo y el aire de México, no sólo muchos de sus hombres y mujeres, no sólo su idioma, sus palabras vertiginosas, son personajes inolvidables, sino Fuentes mismo, el narrador como testigo incansable, como el más ávido de los escuchas, como el más vehemente de los que hablan, terminó por convertirse en su mejor personaje.
Casi siempre, en el fondo mismo de la historia, igual en los detalles y en los guiños, aparecía tramado, con toda claridad, el escritor, el hombre Carlos Fuentes con su voz como una espada, como una alegoría, como un ruego: aquí estoy, éste soy yo, esto quiero decirles porque me duele y me arrebata, de estas urgencias estoy hecho y con estas historias quiero acercarme al mundo para tratar de comprenderlo y mejorarlo.

CARLOS FUENTES CON CORTÁZAR Y BUÑUEL
Para muchos fue una alegría y un privilegio convivir con Carlos Fuentes. Compartir, con él y Silvia, años de plenitud y valor.
Era fácil querer a Fuentes. Verlo ir por el mundo y por la literatura con su mejor audacia.
No puedo olvidar la tarde en que conversando en torno al tiempo, detuvo el gesto de avidez con que acostumbraba mirar el mundo y dijo como si hablara consigo mismo:
-Yo lo que temo del tiempo es que no me alcance para escribir todo lo que me falta.
-¿Pero cuánto te falta?- le pregunté.
-Muchísimo- contestó.
Para entonces él ya había escrito más de diez mil cuartillas y las había puesto en libros que contaban la vida de una manera de una manera ferviente, intrépida, inagotable.
-Ya no recuerdo lo que he escrito- dijo. Sólo pienso en lo que me falta escribir.
Casi siempre los libros de Fuentes invocan su obsesión por el tiempo, pero yo sólo hasta esa tarde me di cuenta de qué manera cargaba él un reloj sobre los hombros.
"El talento se mide en cuartillas" decía Jules Renard para torturarse porque no era prolijo. Fuentes no podía hacerse tal crítica ni de chiste, sin embargo, hasta el último día estuvo seguro de que le faltaba escribir mucho. No sólo no se le habían acabado los temas, sino que guardaba muchos apretando su corazón.
Sus libros, estuvieron siempre como escritos por un joven muy joven, por alguien urgido de contar el mundo todo, como si fuera la primera vez que lo contaba.
Carlos era dueño de un cuerpo que parecía tan incansable como el de un adolescente.
¿Cuál de sus personajes ha sido capaz de una fortaleza comparable? No Artemio Cruz y eso que fue de piedra, ni Aura que en su afán por asir el tiempo es capaz de matar lo que más ama, ni siquiera Ixca Cienfuegos que era eterno. Quizás, a ratos, Laura Díaz: incandescente, iluminada por la curiosidad, los amores, la urgencia de rendirle tributos a la vida.
Los personajes son seres reales o imaginarios que se graban en la esperanza y fecundan los recuerdos de otros. Nos dio muchos y, sin duda, se dio a sí mismo.
Para conseguir esto supo estar cerca, como están cerca de nosotros los hombres y mujeres que duermen o reviven en los libros.
Yo creo que Carlos Fuentes fue el más bravío de sus personajes, creo que su pasión por las palabras es la más intensa de todas las pasiones que ha sabido contarnos Fuentes, creo que ha recorrido con celo y avidez cada círculo de su tiempo, creo que ha logrado quedarse como un lujo en el ímpetu y la memoria de otros.
Fuentes era un hombre que no podía separar su trabajo literario de su intensa aventura personal. Leerlo arraigaba en nuestro ánimo la certeza de la ineludible alianza entre el Fuentes creador y el Fuentes ser humano. Por eso tantos, lo quisimos y admiramos tanto.
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17 Mayo 2012

CARLOS FUENTES
ÁNGELES MASTRETTA: LA PASIÓN DIARIA, EL PAÍS
Siempre me asombró Carlos Fuentes. Libre, inteligente, apasionado. Yendo de un lado a otro, acompañando hasta que para todos nombrarlo era un talismán y andar cerca contagiarse de su fervor por la literatura.
¿Cuántos personajes de los creados por la imaginación aventurera y despiadada de Carlos Fuentes se han vuelto parte de la imaginación colectiva?
Al cabo de leer uno de sus libros se aparecían en sueños sus mujeres desbordadas, sus hombres incandescentes.
Ha logrado quedarse como un lujo en el ímpetu y la memoria de otros
Las mujeres y los hombres. El paisaje, las casas, los patios, los caminos, el polvo y los amores de cada una las historias que hacían sus libros, siempre se acomodan en nuestro ánimo y nuestra memoria.
Pero no sólo el polvo y el aire de México, no sólo muchos de sus hombres y mujeres, no sólo su idioma, sus palabras vertiginosas, son personajes inolvidables, sino Fuentes mismo, el narrador como testigo incansable, como el más ávido de los escuchas, como el más vehemente de los que hablan, terminó por convertirse en su mejor personaje.
Casi siempre, en el fondo mismo de la historia, igual en los detalles y en los guiños, aparecía tramado, con toda claridad, el escritor, el hombre Carlos Fuentes con su voz como una espada, como una alegoría, como un ruego: aquí estoy, éste soy yo, esto quiero decirles porque me duele y me arrebata, de estas urgencias estoy hecho y con estas historias quiero acercarme al mundo para tratar de comprenderlo y mejorarlo.

CARLOS FUENTES CON CORTÁZAR Y BUÑUEL
Para muchos fue una alegría y un privilegio convivir con Carlos Fuentes. Compartir, con él y Silvia, años de plenitud y valor.
Era fácil querer a Fuentes. Verlo ir por el mundo y por la literatura con su mejor audacia.
No puedo olvidar la tarde en que conversando en torno al tiempo, detuvo el gesto de avidez con que acostumbraba mirar el mundo y dijo como si hablara consigo mismo:
-Yo lo que temo del tiempo es que no me alcance para escribir todo lo que me falta.
-¿Pero cuánto te falta?- le pregunté.
-Muchísimo- contestó.
Para entonces él ya había escrito más de diez mil cuartillas y las había puesto en libros que contaban la vida de una manera de una manera ferviente, intrépida, inagotable.
-Ya no recuerdo lo que he escrito- dijo. Sólo pienso en lo que me falta escribir.
Casi siempre los libros de Fuentes invocan su obsesión por el tiempo, pero yo sólo hasta esa tarde me di cuenta de qué manera cargaba él un reloj sobre los hombros.
"El talento se mide en cuartillas" decía Jules Renard para torturarse porque no era prolijo. Fuentes no podía hacerse tal crítica ni de chiste, sin embargo, hasta el último día estuvo seguro de que le faltaba escribir mucho. No sólo no se le habían acabado los temas, sino que guardaba muchos apretando su corazón.
Sus libros, estuvieron siempre como escritos por un joven muy joven, por alguien urgido de contar el mundo todo, como si fuera la primera vez que lo contaba.
Carlos era dueño de un cuerpo que parecía tan incansable como el de un adolescente.
¿Cuál de sus personajes ha sido capaz de una fortaleza comparable? No Artemio Cruz y eso que fue de piedra, ni Aura que en su afán por asir el tiempo es capaz de matar lo que más ama, ni siquiera Ixca Cienfuegos que era eterno. Quizás, a ratos, Laura Díaz: incandescente, iluminada por la curiosidad, los amores, la urgencia de rendirle tributos a la vida.
Los personajes son seres reales o imaginarios que se graban en la esperanza y fecundan los recuerdos de otros. Nos dio muchos y, sin duda, se dio a sí mismo.
Para conseguir esto supo estar cerca, como están cerca de nosotros los hombres y mujeres que duermen o reviven en los libros.
Yo creo que Carlos Fuentes fue el más bravío de sus personajes, creo que su pasión por las palabras es la más intensa de todas las pasiones que ha sabido contarnos Fuentes, creo que ha recorrido con celo y avidez cada círculo de su tiempo, creo que ha logrado quedarse como un lujo en el ímpetu y la memoria de otros.
Fuentes era un hombre que no podía separar su trabajo literario de su intensa aventura personal. Leerlo arraigaba en nuestro ánimo la certeza de la ineludible alianza entre el Fuentes creador y el Fuentes ser humano. Por eso tantos, lo quisimos y admiramos tanto.
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13 Mayo 2012

ERNESTO CARDENAL
GANADOR DEL PREMIO REINA SOFÍA DE POESÍA IBEROAMERICANA
Tomarse con los brazos el uno al otro,
dándose cada uno a los brazos del otro.
Qué diferente sentirte dentro de uno
que sentirse uno solo dentro de uno
es decir, vacío.
¿Será que es soledad tu abrazo
y tus besos sólo sed?
Me parece oírte que de mí no te sacias nunca.
Yo que fui antes buen catador de amarguras.
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10 Mayo 2012

JUAN RAMÍREZ DE LUCAS
Juan Ramírez de Lucas (Albacete, 1917-Madrid, 2010), periodista y crítico de arte, no quiso llevarse a la tumba su secreto. Guardó silencio durante más de 70 años, con todos los recuerdos (dibujos, cartas, un poema, su diario…) de su tragedia sentimental ocultos en una caja de madera. Sin embargo, antes de fallecer, entregó a una de sus hermanas su legado para que se hiciera público. Pese al férreo silencio que mantuvo en vida, apoyado por los propios amigos de la pareja que respetaron su intimidad, Ramírez de Lucas no quiso que la memoria de su gran amor de juventud, el poeta Federico García Lorca, se perdiera para siempre.
La pareja se conoció en el convulso Madrid republicano, donde mantuvieron su idilio de espaldas a sus familias, una de ideas muy conservadoras y otra socialista pero con sentimientos cercanos en cuanto a la homosexualidad. Culto y muy atractivo, Ramírez de Lucas soñaba con ser actor y Lorca prometió llevarlo por los teatros del mundo. Locamente enamorados decidieron escapar juntos a México. La situación de Lorca en Madrid, convertido ya en un autor de éxito en medio mundo y una de las figuras más odiadas por los grupos violentos de derechas, se hacía más peligrosa por momentos. Sus amigos le advirtieron del peligro que corría, pero el poeta no quería viajar solo. La pareja se despidió, el mes de julio de 1936, en la estación de Atocha. Ramírez de Lucas, que apenas contaba 19 años, iba camino de Albacete, buscando el permiso familiar (la mayoría de edad era a los 21) para poder marcharse a América con el poeta. Lorca subió al tren rumbo a Granada para despedirse de sus padres antes de partir para México.
La vuelta a escena de Ramírez de Lucas ha sido saludada por los expertos lorquianos, dada la importancia histórica que supone que afloren nuevos documentos que ayuden a comprender mejor la historia. Laura García Lorca, sobrina del poeta, que conocía la existencia de la carta, aseguró que podría tratarse de “material de enorme interés para el archivo de la Fundación Lorca”. Una novela de Manuel Francisco Reina, Los amores oscuros, que Temas de Hoy publica el 22 de mayo, recupera la relación de ambos. Los herederos de Ramírez de Lucas, que negocian con una editorial la posible publicación del diario y otros documentos, no quisieron aportar ningún dato a este diario, alegando problemas de herencia y de criterios sobre el destino del legado.
A estas alturas del siglo XXI sobra contar que los planes de la pareja no pudieron salir peor. Como sospechaba Ramírez de Lucas su padre puso el grito en el cielo y amenazó con poner el asunto en manos de la Guardia Civil si intentaba salir de Albacete sin su autorización. Lo había mandado a Madrid para estudiar administración pública y, pese a los buenos resultados escolares, había defraudado su confianza. Su vida paralela como actor en el Club Teatral Anfistora, creado por Pura Ucelay para estrenar, entre otras, las obras de Lorca, no encajaba para nada en sus planes, y menos aún su relación sentimental con un poeta homosexual. Trató de intermediar a su favor Otoniel, el mayor de sus 10 hermanos, miembro de las Juventudes Socialistas y el único que conocía su doble vida, pero fue en vano. Simultáneamente, desde la Huerta de San Vicente en Granada, Lorca telefoneaba animándole a que fuera paciente y comprendiera a su familia. Pensaba que se impondría la razón y acabarían entendiéndolo. Llegó una carta, fechada en Granada el 18 de julio, pero ahí perdió su rastro. El arresto de Lorca, en casa de la familia Rosales, y su fusilamiento no fueron conocidos en los primeros momentos en la confusión de la guerra. El asesinato del poeta dejó a Ramírez conmocionado. Su sentimiento de culpa no hizo sino aumentar con el paso de los años.
Tras su paso por la División Azul para limpiar su pasado, Ramírez de Lucas regresó a Madrid y rehizo su vida. Solo Agustín Penón, el escritor que viajó a Granada para investigar la muerte de Lorca en 1955, descubrió la relación y dejó constancia de ello en sus anotaciones, que posteriormente serían publicadas, en primera instancia, por Ian Gibson y después recogidas también en la edición que Marta Osorio realizó de la maleta de Penón. Se trataba en ambos casos de unas pocas líneas perdidas entre cientos de páginas, algo que alentó el propio amante de Lorca al no contestar a los requerimientos de ninguno de los estudiosos. Perdido en el anonimato que ofrece una gran ciudad, recurrió al poeta Luis Rosales, gran amigo de Lorca, quien lo ayudó a entrar en el diario Abc, donde comenzó su carrera como crítico de arte y arquitectura, que luego desarrollaría en otros medios especializados.
Comenzó a redactar un diario y nunca se desprendió de los recuerdos que le unían a Lorca, entre ellos un poema escrito en el reverso de una factura de la academia Orad, donde estudiaba en Madrid. No contó su relación con Lorca ni a su nuevo compañero, con el que vivió 30 años. “Tenía encanto, sentido del humor, personalidad y era muy atractivo”, cuenta Julia Sáez-Angulo, vicepresidenta de la Asociación de Críticos de Arte, quien lo valora como un pionero en la crítica de arquitectura y un gran experto en arte popular.
Tras dos años de investigación exhaustiva, que ha volcado en su novela testimonial, Manuel Francisco Reina tiene claro que Ramírez de Lucas fue el protagonista último de los Sonetos del amor oscuro. Para el biógrafo Ian Gibson la recuperación de la documentación, que obra en poder de los herederos de Ramírez de Lucas, sería fundamental para aclarar los últimos días de Lorca. “Intenté entrevistarle, pero no fue posible. Sabía que era un personaje fundamental pero supongo que su silencio tuvo que ver con el tema gai”.
Todos los expertos en la obra del poeta aplaudieron ayer la noticia. Para Félix Grande la sorpresa fue escuchar su nombre: “Sabíamos que había un gran amor, que en cierto modo inspiró los Sonetos de amor oscuro, pero no sabíamos cómo se llamaba”, explicó el poeta. “En las muchas conversaciones que tuve con Rosales me contó que durante los días que Lorca pasó escondido en su casa corregía sin parar esos versos. Nunca logré que me diera el nombre. Le había prometido a Federico que mantendría el secreto y era una persona de palabra”. Para el flamencólogo, que una historia de ese calibre permanezca oculta prueba el mundo en que vivimos tres cuartos de siglo después del asesinato. También el poeta conocía la relación. De hecho, lleva tiempo trabajando en un libro que cerraría la obra poética de Luis Rosales en el que aborda, entre otros, el tema de la homofobia y de Lorca y en el que aparece Ramírez de Lucas.
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9 Mayo 2012

LORCA EN UNA TERTULIA
La irreverencia convertida en hipérbole del absurdo y la mala educación se ha democratizado de tal manera gracias a la televisión que cualquier voz más alta que otra se confunde primero con un esperpento catódico que con argumento de autoridad. Antes de que la pantalla contaminara la idea de tertulia y tertuliano, existían, y algo queda, unos espacios donde se disfrutaba de la conversación, se aplaudía el sentido de la crítica y no se consideraban escandalosos el libre pensamiento o las ideas irreverentes. Los cafés y salones literarios, "espacios de civilidad", en palabras del sociólogo y politólogo José Vidal-Beneyto, que tienen su origen en la Francia del siglo XVII, trasladaron la palabra de los palacios a la calle, sin perder un ripio de excelencia. Los cafés históricos (Cátedra) de Antonio Bonet Correa repasa estos puntos de encuentro, casi de manera enciclopédica, como un manual estilístico y geográfico.
"El mejor teatro de Madrid fue el café Gijón: un escaparate, una casa de citas en el sentido más amplio del término, un refugio,...", dice Marcos Ordóñez, autor de Ronda del Gijón (Aguilar) y crítico teatral de EL PAÍS. Este lugar, ahora en el candelero por la incógnita que se cierne sobre su terraza, en el que Ayala pasó unas cuantas tardes, "se ha quedado para los turistas", afirma el escritor, "siguen algunas tertulias, pero es una sombra de lo que fue". Lo que fue son las mañanas para los pintores, el mediodía para la gente de postín y la tarde para los escritores que se fusionaban con los actores a la salida del teatro. "A una tertulia hay que ir llorado y tosido, dejar la preocupación íntima para recomponer el mundo con saliva", dice Manuel Vicent en Ronda del Gijón.

TERTULIA DEL CAFÉ POMBO
En los cafés y salones históricos el individuo ejercía su autonomía frente a las tradiciones, las instituciones y los poderes. Se convirtieron en rincones para la convivencia, donde lo público se convertía en privado a través de la palabra hablada de personas que tenían más que ver con la figura del diletante, del escritor amateur y del esteta, que con la del profesor universitario. En España, los herederos de Larra además de en el Gijón, alternaban en el Varela o en el Lyon desde los años treinta a los ochenta. A este último, el de la tertulia de Sánchez Ferlosio, acudían los escritores Soledad Puértolas y Andrés Trapiello. "Era un lugar destartalado, de techos altos y sucios y tranquilo, para tertulia", dice el autor, el más joven de aquellas reuniones. "Se hablaba de todo, Grecia, palabras raras como lígrimo, asuntos del momento. Era una tertulia animada, donde se solían respetar ciertas normas. Para decirlo en palabras de Ferlosio: nos ocupábamos de las cosas, no de medirnos con los demás".
Estos espacios terminarían siendo un lugar de peaje obligado para darse a conocer. "Había que dejarse ver", contaba Umbral. Y resguardarse del mal tiempo. "Cuando las casas eran frías e inhóspitas, es natural que la gente corriera a reunirse en un café buscando otra temperatura física y moral. El lema entonces era: Como fuera de casa en ninguna parte", apunta Trapiello.
La herencia de las librerías café
La escritora y académica Soledad Puértolas montaría años después, en 2002, una librería café en honor a su primera novela El bandido doblemente armado, con la que acudía a las tertulias de antaño. "Duró casi ocho años, aguantamos como pudimos, pero era un mal negocio", recuerda la académica y escritora. "Era un lugar estupendo para reunirse con amigos, también hicimos talleres, exposiciones, conciertos. Esa parte de su vocación se cumplió, pero falló la parte económica. Es difícil conciliar lo rentable con lo ideal".
Los chicos de Tipos Infames han tenido algo más de fortuna. Su librería en el centro de Madrid lleva casi un año y medio de presentaciones literarias, encuentros con escritores, catas de vinos y otras bebidas espirituosas y tardes de lectura y conversación. "No somos un bar con libros alrededor, sino un espacio abierto en el que suceden cosas", cuenta Francisco Llorca, uno de los tres socios del lugar. "Poco a poco hemos ido viendo cómo se han creado vínculos y afinidades entre nuestros clientes, muchos ya amigos". Tipos Infames ha conseguido que el vicio solitario de la lectura se descontracture alrededor de una barra como tantos otras esquinas de estanterías y café humeante en los que la música no impide la charla, ni la oscuridad la miopía.
"Lo bonito de Madrid es que se montan tertulias instantáneas por todas partes", dice Ordóñez. "El espíritu siempre ha estado muy vivo, no hace falta enseñar un carné para que surja una conversación en un bar o un café".
FUENTE: WWW.EL PAÍS.ES
ARTÍCULO RECOMENDADO: TERTULIAS LITERARIAS EN MADRID
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8 Mayo 2012

AULA DONDE IMPARTÍA CLASE ANTONIO MACHADO, EN SORIA
Hace un día frío, lluvioso y gris. Las gotas de agua golpean incansables los cristales de un aula. La oscuridad, los pupitres, los bancos de madera ajada y las fotografías enmarcadas en blanco y negro producen una sensación de viaje en el tiempo. Si esa escapada trasladara al visitante a este mismo momento hace más de 100 años, podría asistir a una clase de francés. La clase que daba el poeta Antonio Machado que, hace ya un siglo, llegó a este instituto de Soria que hoy lleva su nombre.
No cuesta imaginárselo paseando por los claustros de fría piedra. Hoy, además, el día acompaña al recuerdo. "En un día como éste, Machado escribió aquel verso suyo tan famoso: 'Una tarde parda y fría de invierno / Los colegiales estudian / Monotonía de lluvia tras los cristales", dice Ángel Sebastián, director de este instituto de enseñanza secundaria que en 1967 cambió su nombre de Instituto General y Técnico de Soria para honrar a su profesor más ilustre.
"Pero a él no le gustaba dar clase", bromea, "aprobaba a todo el mundo", dice entre risas el director del centro, Ángel Sebastián, también profesor de francés, mientras señala un antiguo boletín de notas, firmado por el propio Machado y que muestra, amarilleado por el tiempo, que el actual director tiene razón. No hay ningún suspenso.
Y es que ni antes ni ahora era fácil vivir de la poesía.
Enlace a las actividades realizadas en 2007 para celebrar el centenario de la llegada del poeta a Soria como catedrático de francés.
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23 Abril 2012

TOMÁS SEGOVIA
EFE / RTVE.ES
El Premio de la Crítica 2012, fallado este sábado en Soria, se ha convertido en un homenaje póstumo a Tomás Segovia, fallecido el año pasado en Ciudad de México, con la concesión del galardón a su último libro de versos, Estuario, dentro de la modalidad de poesía.
Tomás Segovia (1927-2011), ensayista y dramaturgo ocasional, dedicó por entero su vida a la poesía dentro de una obra que resumió, a modo de testamento literario, en Estuario (Pre-Textos), libro al que sobrevivió tan solo ocho meses y cuyo título simboliza, en forma de metáfora, su presentida muerte.
"Da la sensación de que fue escrito con la conciencia de que no estaba muy lejano el final del propio poeta", ha explicado Manuel Rico, portavoz del jurado, acerca de un poemario donde las vivencias existenciales transitan por terrenos tan desiguales como la ironía, el tono de elegía y la exaltación.

De viaje por Estados Unidos, ha conocido el novelista y ensayista Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) la obtención del Premio de la Crítica en la variedad de narrativa, según ha explicado su hijo Eduardo Martínez Pisón "muy feliz" por el premio a una novela sobre gente menor, casi anónima
Martínez de Pisón, se siente "muy feliz por el reconocimiento para este libro que es, "como casi todos" los suyos, "una novela sobre gente menor, casi anónima". Así lo ha explicado a Efe el escritor, a través del correo electrónico, ydesde Estados Unidos, donde acaba de participar en un congreso de hispanistas en la Universidad de Kentucky.
El día de mañana (Seix Barral), laureado también con el Premio Ciutat de Barcelona, ha reportado a Martínez de Pisón un nuevo reconocimiento por un libro que bebe, en buena medida, del sustrato de una trayectoria que abrió en 1984 con La ternura del dragón y que ha tenido en la Guerra Civil (1936-1939) una de sus principales constantes.
Los años posteriores a la contienda fratricida, en la ciudad de Barcelona, ambientan una novela concebida en forma de mosaico a partir de los testimonios de un grupo de personas que sirven para definir no solo al principal protagonista de la trama, sino principalmente la atmósfera política y social de la época.
El fallo ha coincidido con el centenario del poemario Campos de Castilla
El presidente de la Asociación Española de Críticos Literarios (AECL), Ángel Basanta, ha informado del resultado de los premios, instituidos en 1956, de convocatoria anual y que han sido fallados en Soria con motivo de la conmemoración, este 2012, del centenario del poemario Campos de Castilla (1912), que Antonio Machado compuso y publicó durante su estancia en esa capital.
La novela ganadora en lengua castellana reconstruye la vida de un personaje rico en matices, "de pasado turbio y que acaba envilecido por las circunstancias políticas y sociales que le toca vivir en los últimos años del franquismo y los primeros de la Transición", según ha explicado José Luis Martín Nogales, miembro del jurado.
Antón Riveiro ganador de narrativa en lengua gallega
Antón Riveiro (Xinzo de Limia, 1964), funcionario de la Xunta y narrador de trayectoria consolidada, ha sido galardonado en lengua gallega (narrativa), por su obra Laura no deserto (Laura en el desierto).
Son cuatro relatos entrelazados, con distintos narradores y escenarios, dentro de una trama que abarca desde 1936 hasta los años ochenta, y que aborda asuntos como el genocidio nazi y los campos de concentración franquistas.
En poesía gallega ha sido distinguida Olga Novo (Vilarmao -Pobra do Brollón-, 1975) por Cráter, donde refleja sus emanaciones vitales y la potencia de una poesía ligada a la tierra y la sexualidad, según fuentes del jurado.
Jaume Cabré, con Jo confesso (Yo confieso), ha ganado el premio de narrativa en lengua catalana, mientras Perejaume, con Pagèsiques (Del campesinado), ha conseguido el premio de poesía.
El portavoz del jurado, Lluïsa Julià, ha apuntado que el relato de Cabré (Barcelona, 1947) supone la culminación de su larga trayectoria a través de un libro denso "pero que se lee de corrido", donde se aborda la historia de Europa "en una trama estilística novedosa y trepidante".
Por su parte, los versos de Pagèsiques recogen cinco años de trabajo del autor, situado en la línea de los poetas-artistas catalanes y donde "recoge la visión telúrica de la naturaleza".
Javier Rojo, portavoz del jurado en la lengua vasca, ha informado de que el ganador en la variedad de narrativa, Harkaitz Cano, con su obra Twist, ha situado el argumento en torno a uno de los episodios más oscuros de la guerra sucia contra ETA, "la desaparición de dos de sus militantes".
En poesía, el premiado ha sido Aritz Gorrotxategi con Hariaz Beste (Más allá del hilo), una poesía de ideas donde cuestiones metafísicas como el espacio y el tiempo aparecen humanizadas.
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23 Abril 2012